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El hospitalense David Aliaga hurga en el ‘Yo’ más complejo con un nuevo libro de relatos: ‘El año nuevo de los árboles’

El reciente 27 de enero se ha celebrado, un año más, el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, seguramente, la mayor vergüenza humana como especie. En concreto, el día recuerda la liberación por las tropas soviéticas del campo de exterminio nazi de Auschwitz en 1945.

Fueron 15 millones de personas asesinadas vilmente: fundamentalmente judíos, pero también gitanos o homosexuales, en definitiva, cualquier colectivo minoritario que no encajaba en el estereotipo ario. Según el escritor hospitalense David Aliaga, esto era imposible que volviera a ocurrir; ahora, no lo tiene tan claro.

Ante el auge de la extrema derecha y la xenofobia en Occidente, David Aliaga publica ‘El año nuevo de los árboles’, un libro de relatos autónomo, pero con líneas continuistas con la anterior propuesta, ‘Yo no me llamaré más Jacob’.

¿Quién soy?
De nuevo, el autor opta por ficcionarse él mismo en la obra con un protagonista que se llama David Aliaga; que es escritor y editor; que comparte escenarios y entornos y, sobre todo, inquietudes. En este sentido, la obra hurga aún más en el ‘Yo’ y en intentar responder ¿Quién soy? Pero desde una perspectiva más compleja y profunda: “David Aliaga vuelve a aparecer y sigue indagando en esa pregunta que nos formulamos todos: ¿Quién soy? En cambio, si antes lo hacía de una forma más individual, aquí se pregunta quien es en relación con su familia, sus tradiciones, su religión, el judaísmo en este caso… ¿Dónde se sitúa el personaje en este mundo?”, explica el David Aliaga de carne y hueso desde la redacción de El Llobregat. “Son dos libros que forman algo así como un díptico, más que por su temática, por la memoria e identidad que les emparenta”.

Aliaga ofrece catorce nuevos relatos en los que de nuevo exprime el lenguaje hasta “la máxima capacidad expresiva” y que son pura munición contra la intolerancia, el racismo y la xenofobia: “Hay un problema en Occidente que es muy claro: hay un auge de la extrema derecha y la xenofobia. Se repiten patrones que asustan, cuando parecía que después de la Segunda Guerra Mundial, esto no se podía repetir. En los últimos años ves cierta tolerancia y gente que mira a otro lado ante una extrema derecha que asusta”, reconoce.

Contra el odio
“Entonces, podemos inhibirnos, que es lícito también por miedo, habiendo sido una comunidad históricamente perseguida, o combatir, pero no en la calle, sino de manera intelectual y socialmente con la defensa de determinados valores y de manera cotidiana. Podemos transformar el mundo, seguramente, dando las gracias y sonriendo en un cajero del supermercado. Tenemos que ser responsables del otro de cómo miramos al otro. Si solo pensamos en nuestro bienestar, es mucho más difícil construir una sociedad cohesionada y armónica”.

De hecho, la obra, aparentemente pesimista, es una llamada al optimismo y a la esperanza tal y como reza su título, ‘El año nuevo de los árboles’, una fiesta judía en la que uno planta un árbol con la idea de que dejemos el mundo un poco mejor que el que nos encontramos, un poco mejor para nuestros hijos: “Frente a la barbarie, si uno tiene actitudes cotidianas de tolerancia, vive respetando a los demás y educando así a los de después, puede que tengamos un tiempo mejor en el que convivamos todos de forma más pacífica”. Y este mensaje sirve también para un sector peligroso del nacionalismo que, tal y como dice el autor, desde los extremos, se coloca en una situación de superioridad: “Los nacionalismos no los entiendo, me cuesta entender el tema de las banderas, por una parte y por la otra”, opina con la situación en Cataluña como trasfondo. “No critico el orgullo de ser de dónde sea, pero hay una parte del nacionalismo que considera que es mejor que el resto y eso sitúa su cultura en un lugar de superioridad. Ahí está el riesgo”.

Hospitalense judío
Aliaga (L’Hospitalet, 1989) es, tal y como reconoce públicamente, judío desde hace tres años. Natural de una familia católica no practicante, como la gran mayoría de familias de nuestro entorno, empezó a leer sobre la filosofía de Lévinas, la teología de Martín Buber o, en definitiva, sobre la faceta más ética del judaísmo: “Dios no es tanto una figura antropomórfica, sino una responsabilidad ética que tú tienes con el mundo”. El caso es que, tras un momento de bajón personal y de ateísmo radical, Aliaga encontró en la sinagoga a la que empezó a acudir la respuesta a un nuevo impulso espiritual: “Soy judío, me gusta el Rock duro y el Heavy Metal y todo es compatible”, comparte entre risas, sabedor que no es algo habitual entre los jóvenes de su edad.

El autor hospitalense, que escribió su primera obra con 23 años, es una de las firmas noveles más prometedoras. Según avanza, ya está preparando una nueva novela, aunque no abandona su pasión por el relato. III