La belleza convertida en línea última de defensa. Sobre el poemario "Memoria de lo infinito" de Juan Carlos Lozano Felices

La belleza convertida en línea última de defensa. Sobre el poemario "Memoria de lo infinito" de Juan Carlos Lozano Felices

La belleza convertida en línea última de defensa. Sobre el poemario "Memoria de lo infinito" de Juan Carlos Lozano Felices (Ars poetica, 2020). Por Fulgencio Martínez. Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 41. Verano 2026. Número doble, 40-41. Parte II

Pero, en este comentario quiero volver a un libro de poemas publicado en julio de 2020, hace por tanto, seis años. Memoria de lo infinito (de Juan Lozano Felices, col. Ad versum, Oviedo, Ed. Ars poetica). Recuérdome a menudo la ingeniosa frase del sobrino de Pío Baroja, el antropólogo Julio Caro Baroja, quien en un artículo en ABC decía que La Odisea de Homero es una obra nueva y reciente para quien no lo haya leído. He tenido la suerte de leer por primera vez, a primeros de este mes en curso, Memoria de lo infinito. Así que mi comentario se acercará a una obra para mí (y espero que para muchos de los lectores) actual.

Es de agradecer, como suele ser norma en la casa editorial Ars poetica, la edición cuidada, la belleza táctil y visual de la obra. Memoria de lo infinito se nos presenta, además, con un lúcido prólogo del poeta y prosista oriolano José Luis Zerón Huguet. Ocurre que, a veces, los prólogos desmayan, y hacen de aperitivo indigesto; lo que no es este el caso, sino lo contrario. Suelo tener buen olfato, perdonen la inmodestia, para entender cuándo el autor o autora de un prólogo está a la altura del contenido del libro introducido. Zerón nos da el historial poético del autor y, aún mejor, claves muy interesantes para continuar o iniciar su lectura. Por eso, recomiendo, en esta ocasión, volver al comienzo del hilo, al prólogo, tras la lectura de los poemas de Lozano.

No repetiré aquí todas las referencias señaladas en el prólogo. Este valora la condición de poeta autoexigente de Juan Lozano Felices, con treinta años de escritura que se compendian en unos pocos libros publicados entre 1987 y y 2020 (Tempo di valse, 1987; Soliloquio del auriga, 2013; El nadador del crepúsculo, 2015; Naturalmente, amarte, 2019, y el que nos ocupa: Memoria de lo infinito, 2020). Observamos, por las datas, que la mayoría de los libros se publican en unas fechas relativamente cercanas a la actual, coincidiendo con la madurez del autor, madurez tanto biográfica como poética.

Zerón Huguet, de nuevo nos referimos a su excelente prólogo, esclarece la estructura del poemario, revisando uno a uno los cuatro apartados del libro y dándonos unas pistas de interpretación, sobre las que volveremos en diálogo. Y, sobre todo, el prologuista nos revela una temática y un tono fundamentales en la obra, con estas palabras en que se cifra su análisis:

La nostalgia es un motivo muy presente en la poética de Juan Lozano. Pero aquí no resulta un sentimiento petrificante sino un principio activo que armoniza su mundo interior frente a la confusión y el extravío de la realidad exterior, permitiéndole revivir el pasado a través de la evocación y la invocación. La nostalgia del autor es, pues, una forma elegante de resistir la devastación del tiempo. (p. 15. Prólogo. Memoria de lo infinito)

Recomendamos, también, para cerrar por ahora la referencia al prólogo, el análisis sensible y detallado que realiza el prologuista de poemas cimeros del libro, y también representativos del desarrollo de la obra a través de los cuatro movimientos o apartados de la misma: Memoria de lo infinito, Traspaso de poderes. Los dones del escapista y Cadenza ad libitum.*

Coincide este comentarista en la elección de los poemas y en las "señales" que detecta en los mismos y que dan el temple de la obra analizada. Me llama especialmente la atención las señales referidas a los "lugares", marcas en la escritura poemática que conservan en sí y activan de forma inmediata la "afectividad" que recorre el libro. La nostalgia, en efecto, no es un peso muerto, sino una senda que se recorre en dos direcciones, desde el presente al pasado, y desde el pasado a un presente abierto del autor. Así, la evocación se transforma, por sí misma, como naturalmente, en invocación. Lo que el prologuista ha intuido tan bien: la realidad está en el poemario, no en tumulto y confusión, sino ceñida a la revivificación del pasado y en definitiva, de la aclaración de una vida; y por otro lado, aquella fluidez le permite a la voz poética en el libro "revivir el pasado a través de la evocación y la invocación."

Revivificar algo es no sólo conservar y reproducir, sino insuflar nueva energía a algo. En el fondo, al vivir interior del poeta, y por otro lado, del ser humano biográfico que le corresponde. En aclaración de un vida, o de un tramo de la vida, se convierte la escritura cuando el autor ha llegado a sentir un cierto pulso con el tiempo y a enfrentar una vuelta de su camino ya trascurrida. Desde este punto de mira, la nostalgia se presenta como una respuesta natural a la doble intención del libro, revivificar lo pasado, aclarar, en la medida en que la escritura lo intenta y lo logra, el tramo del laberinto que es el vivir transcurrida una "vuelta del camino".

Memoria de lo infinito sólo se ha podido escribir desde el sentimiento de la madurez, con todo lo que ello conlleva, no solo en positivo, en aumento de sabiduría o pericia artística, sino también de peso, de culpa, de necesidad de liberación y explicación de lo vivido.

Siempre que leo un libro de poemas, me pregunto, antes o después de su lectura, casi siempre antes, por su título. Confieso que me inquietaba de principio el título de este poemario de Juan Lozano. "Memoria", casi es obvio: si el lector ha seguido hasta aquí, con ayuda del prologuista y de mis escasos medios interpretativos. Pero, ¿por qué "de lo infinito"?

Ello nos da pie para entrar en un poema del libro, el segundo, de la primera sección. Tanto esa primera sección como el poema se titulan, como el título general del poemario: Memoria de lo infinito. Ello indica la importancia que el autor le concede al texto siguiente:

MEMORIA DE LO INFINITO

Nunca debimos regresar

aunque bien sabes

que nunca se regresa del todo.

Que nada se parece del todo

a lo que pacientemente cumplimos,

cuando la belleza era un rostro del abismo.

El resto son convenciones

con las que hemos aprendido a convivir.

Cuida bien de cerrar las puertas

para evitar las corrientes de aire.

Atraviesa furtivamente las salas vacías

donde hace tanto tiempo residieron

las soleadas muchachas a las que el verano hirió,

aquellas que entregaron su secreto al mar.

No olvides improvisar unos pasos de baile

frente al espejo, como una confesión,

como si burlases las fórmulas

por atender al mandato de los afectos.

Y busca entonces palabras que sirvan

para fundir el hielo con su calor hermoso.

Pero cuida bien de no romper la cadena

de los recuerdos, ese cristal raro

llamado nostalgia.

(p. 28. Memoria de lo infinito