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La revolución cotidiana del Madrid del XVIII

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Cuando el primer Borbón, Felipe V, entró en la capital del reino, en abril de 1701, un poeta anónimo le dibujó la panorámica de la ciudad que se iba a encontrar, para que supiera cómo actuar ante los problemas que aquejaban al Madrid de entonces: «Hay en Madrid tres mil coches / que nos destruyen las fiestas / porque con sus mulas y lanzas / a muchos nos alancean».

Una ciudad aún pequeña y sobre cuyo número de habitantes varían los criterios. Uno de los mejores cronistas de la época, Cristobal del Hoyo y Sotomayorhablaba de «ciento veinte mil almas, en cuyo número debes regular setenta mil forasteros». Otros, años más tarde, elevan el número a «quinientos mil habitantes que vivían en unas ocho mil casas, en situación alegre, hermosa y sana».

Lo cuenta ahora la periodista y poeta Juana Vázquez Marín en un libro, El Madrid cotidiano del siglo XVIII, en el que ha empleado más de una década de trabajo. «El origen está en mi tesis sobre el costumbrismo español en el siglo XVIII, que me llevó mucho tiempo de investigación en la Biblioteca Nacional pues no había ninguna referencia sobre el asunto. Mi búsqueda tuvo que ser por palabras en catálogos y fichas, términos que tuvieran algo que ver con el siglo ilustrado, como cortejo, petimetre, abates, paseo del Prado, avampiés, contradanza...».

Es pues la vida diaria de los madrileños de aquella época la que se describe en este volumen de la editorial Sapere aude. Cuenta Vázquez que fue la novelista Carmen Martín Gaite, experta en el siglo XVIII, quien tras leer su tesis, le animó a escribir un libro sobre la intrahistoria del mismo, pues según ella, no había nada, excepto sus Usos amorosos del sigo XVIII», que se citan también en el libro de Vázquez.